Nace el Diccionario jurídico dominicano
La comunidad jurídica le ha dado la bienvenida a esta herramienta de ciudadanía

Recibir un nuevo diccionario siempre es motivo de celebración. El pasado 13 de agosto los dominicanos celebramos la puesta en circulación del Diccionario jurídico dominicano (DJD).
Para los especialistas del ámbito de la jurisprudencia que han trabajado en él quedan atrás seis años de trabajo inagotable, porque así son las palabras, que, al fin y al cabo, son la materia prima de los diccionarios.
Y más allá, los años en los que el nuevo diccionario fue solo una idea en gestación en la cabeza y el corazón –que ambos son imprescindibles para embarcarse en una empresa de la magnitud de un diccionario– de su director, el prestigioso jurista Fabio J. Guzmán Ariza.
De su conocimiento del Diccionario del español jurídico, fruto de la colaboración entre la Real Academia Española y el Consejo General del Poder Judicial de España, y de su trabajo como miembro de número de la Academia Dominicana de la Lengua en el Diccionario panhispánico jurídico, surgió el proyecto de diseñar y construir un diccionario que registrara el léxico jurídico dominicano, y que lo hiciera de forma sistemática, con especial atención a que las definiciones fueran precisas, rigurosas y claras; si esto último es esencial en cualquier diccionario, en uno dedicado al ámbito de especialidad de la trascendencia ciudadana del derecho es un mandato ineludible.
El diminutivo quedó atrás
Nos contaba Fabio J. Guzmán Ariza que hasta la aparición del DJD sobre las mesas de los actores jurídicos dominicanos había diccionarios españoles y franceses que, a pesar de su valía, no alcanzaban a reflejar la realidad y la identidad propia del español dominicano propio de esta especialidad.
Para crear un nuevo diccionario, moderno y dominicano, hacía falta respaldo institucional; el DJD lo tuvo desde su nacimiento, gracias al convenio de colaboración suscrito por la Escuela Nacional de la Judicatura, la Academia Dominicana de la Lengua y la Fundación Guzmán Ariza, precursora del actual Instituto Guzmán Ariza de Lexicografía.
Una tarea de años, cuatro fases de trabajo, un equipo de más de sesenta jueces, profesores y abogados dominicanos, seleccionados por la Escuela Nacional de la Judicatura y especializados en las veinte ramas del derecho, han dado forma a este diccionario.
Una obra que empezó, para todos estos destacados juristas, por aprender, como recordó Guzmán Ariza en la presentación, que saber mucho de derecho, incluso ser un jurista eminente, no basta para redactar un buen diccionario jurídico.
Claridad, precisión, concisión, adecuación, gramática, son herramientas imprescindibles para quien se acerque a la tarea de hacer un diccionario.
Y menudo diccionario. Aunque las palabras tengan el protagonismo, las cifras también hablan: 10 056 entradas, 11 201 acepciones y 12 716 citas de fuentes y textos legales o jurisprudenciales que documentan el uso de las voces y expresiones en el ámbito jurídico dominicano.
Mucho más allá de las cifras, por significativas que estas sean, destaca en el Diccionario jurídico dominicano su compromiso con el lenguaje claro, que, en un ámbito tan preciso y especializado como el jurídico, es de agradecer. No resulta tan fácil lograr el equilibrio entre claridad y precisión.
La comunidad jurídica le ha dado la bienvenida al DJD y nosotros, ciudadanos todos, lo recibimos como una herramienta más de acercamiento a esas leyes que están, o deberían estarlo, escritas para nosotros.
¡Gracias y enhorabuena, Fabio! ¡Gracias y enhorabuena, equipo! ¡Enhorabuena, dominicanos!

María José Rincón