Cómo altera la maternidad al cerebro
A propósito de celebrarse mañana el Día de las Madres en República Dominicana, la Dra.Sally Marte Neuróloga- epiléptiloga responde preguntas respecto al tema

Es casi normal escuchar hablar, entre madres, los males cerebrales que trae concebir. El tema se vuelve interminable y sorpresivamente similar entre una y otra. Pero qué dice la ciencia al respecto ¿es percepción o realidad?
A propósito de celebrarse mañana el Día de las Madres en República Dominicana, entrevistamos la Dra.Sally Marte Neuróloga- epiléptiloga, para iluminarnos respecto al tema.
Para ella, la maternidad no deteriora el cerebro; lo reconfigura. Representa un ejemplo paradigmático de cómo la neuroplasticidad adulta puede ser dirigida por demandas biológicas y sociales altamente específicas, dando lugar a un cerebro más eficiente en contextos de cuidado, sin comprometer su capacidad global a largo plazo.
¿Qué tanto impacta al cerebro convertirse en madre?
La maternidad no solo transforma la vida emocional y social de una mujer; también implica una reorganización cerebral profunda.
En los últimos años, estudios de neuroimagen han demostrado que el embarazo induce modificaciones estructurales en áreas relacionadas con la cognición social, la empatía y el procesamiento emocional, como la corteza prefrontal y el sistema límbico (Hoekzema et al., 2017). Lejos de representar un deterioro, estos cambios reflejan un proceso de adaptación altamente especializado.
Durante el embarazo y el posparto, muchas mujeres refieren dificultades para concentrarse o recordar. ¿Son reversibles estas alteraciones?
Aunque popularmente se ha denominado baby brain, la evidencia sugiere que estos cambios son sutiles y, en la mayoría de los casos, transitorios. Un metaanálisis publicado en el Medical Journal of Australia encontró variaciones leves en memoria y funciones ejecutivas, sin impacto significativo en el funcionamiento global (Davies et al., 2018).
Es importante considerar que factores como la privación de sueño, el estrés y la carga emocional del posparto influyen significativamente en esta percepción. A medida que estos factores se estabilizan, la función cognitiva tiende a recuperarse.

En qué consiste la poda neuronal adaptativa. ¿El cerebro queda reducido?
Es un proceso fisiológico mediante el cual el cerebro elimina conexiones sinápticas menos eficientes para optimizar redes específicas. En el contexto de la maternidad, esta reorganización favorece circuitos relacionados con el apego, la empatía y la respuesta al entorno del bebé (Barba-Müller et al., 2019).
No se trata de una reducción funcional, sino de una mayor eficiencia. El cerebro no pierde capacidad; se vuelve más selectivo.
¿Afecta igual a todas las mujeres?
No. Existe una gran variabilidad individual. Factores como la genética, el estado emocional, el apoyo social, la calidad del sueño, la presencia de complicaciones obstétricas o trastornos psiquiátricos influyen en cómo se manifiestan estos cambios.
La presencia de depresión o ansiedad posparto, por ejemplo, puede amplificar las dificultades cognitivas y alterar la adaptación neurobiológica (O´Hara & McCabe, 2013). Asimismo, el apoyo social y la calidad del descanso son determinantes en la evolución.
En el posparto, ¿hay diferencias entre una madre lactante y una que no lacta o la edad materna?
Sí existen diferencias. La lactancia está asociada a un entorno hormonal particular, con predominio de oxitocina y prolactina, que favorecen el vínculo afectivo, modulan la respuesta al estrés y pueden influir en la experiencia emocional y cognitiva (Feldman, 2012).
En relación con la edad materna, si bien las mujeres mayores de 35 años pueden presentar una mayor carga fisiológica y cognitiva basal, también tienden a mostrar estrategias de regulación emocional más eficientes, lo cual introduce un balance complejo entre vulnerabilidad y resiliencia.
¿De qué manera puede trabajar la madre para que su cerebro vuelva a su punto de inicio o cerca?
En este sentido, más que plantear un "retorno al estado previo", es más preciso hablar de un nuevo equilibrio cerebral. La recuperación cognitiva suele acompañar la estabilización del sueño, la disminución del estrés, actividad física regular, estimulación cognitiva progresiva (lectura, organización, planificación), apoyo social, redistribución de carga mental, detección y manejo oportuno de ansiedad o depresión posparto y la adaptación progresiva al rol materno.
Estrategias como la actividad física regular, la estimulación cognitiva y el apoyo psicosocial han demostrado favorecer la neuroplasticidad y el bienestar global.

Mayra Pérez Castillo