Rainieri tiene razón. Pero se quedó corto.
La infraestructura más amenazada de la República Dominicana no está sobre el suelo. Está bajo el mar

Hace varias semanas, Frank Rainieri dijo en voz alta lo que muchos saben, pero pocos se atreven a decir: que el crecimiento inmobiliario y turístico en Punta Cana, Bávaro y Uvero Alto es insostenible. Que se construye sin planificación, sin plantas de tratamiento de aguas, sin la infraestructura básica que exige un desarrollo responsable. Rainieri tuvo el valor de decir lo que muchos no quieren escuchar.
Tiene razón. Pero se quedó corto.
Una hora después, en el marco de la inauguración del Centro de Innovación Marina de la Fundación Puntacana, Rainieri hizo otro planteamiento que casi nadie cubrió. Uno que va más allá del cemento, los caminos y las plantas de tratamiento.
"No existe ninguna versión de una República Dominicana próspera construida sobre un mar muerto."
El debate sobre la infraestructura es urgente y necesario. Pero mientras hablamos de carreteras y alcantarillados, los arrecifes de coral que sostienen toda esa economía se están muriendo en silencio y sin los recursos necesarios para conservar y restaurarlos. A diferencia de una carretera mal diseñada, un arrecife muerto no se repara en el próximo ciclo presupuestario o con la próxima administración.
Los arrecifes no son un adorno del turismo dominicano, son su infraestructura más crítica. Protegen el litoral de huracanes y marejadas. Sustentan las pesquerías artesanales que alimentan comunidades costeras de un extremo al otro del país. Y son la razón fundamental por la que millones de turistas eligen estas playas cada año. Cuando el arrecife desaparece, desaparece también la razón por la que la gente viene.
Llevo 21 años liderando la Fundación Puntacana, haciendo la misma pregunta que Rainieri le hace hoy al gobierno: ¿Qué estamos dispuestos a proteger antes de que sea demasiado tarde?
En ese tiempo hemos restaurado corales, formado científicos jóvenes, gestionado un co-manejo del Santuario Marino Arrecifes del Sureste, una extensión de casi 8,000 kilómetros cuadrados, y construido alianzas con investigadores de todo el mundo.
El 22 de abril inauguramos el Centro de Innovación Marina (CIM) en Playa Blanca, la apuesta más ambiciosa que hemos hecho hasta hoy a favor de los arrecifes de coral. Un laboratorio de última generación que utiliza aprendizaje automático, biología molecular y técnicas de propagación sexual para criar corales capaces de sobrevivir el calentamiento de las aguas.
El CIM no es un proyecto piloto. Es la pieza central de una plataforma nacional, el Hub de Innovación Marina de la República Dominicana, que une a la Fundación Puntacana, FUNDEMAR y The Nature Conservancy en un esfuerzo coordinado de alcance nacional.
Aquí viene una paradoja. El gobierno alemán ha invertido millones de dólares en la conservación de arrecifes dominicanos a través de la Iniciativa Climática Internacional (IKI) y el Fondo Caribeño de Biodiversidad (CBF). La fundación filantrópica Oceankind ha financiado la construcción de dos laboratorios de vanguardia de restauración de corales y el desarrollo institucional del Hub. La Fundación TUI Care, brazo social de uno de los mayores grupos turísticos del mundo, financia trabajo de restauración en Bávaro. Organizaciones e inversionistas internacionales han tomado una decisión: los arrecifes dominicanos valen la pena proteger y restaurar.
Mientras tanto, las empresas dominicanas que más dependen de esos arrecifes, los grandes grupos hoteleros, los desarrolladores costeros, los grupos financieros, tour operadores, excursionistas, es decir las compañías que han construido sus negocios sobre esta costa, participan marginalmente en su protección, si acaso.
No lo digo como acusación, sino como invitación. La coalición que necesitamos para salvar los arrecifes dominicanos ya existe. Solo le falta un componente: la integración del sector privado dominicano y del gobierno dominicano, comprometidos a la escala del desafío que enfrentamos.
Rainieri lo dijo mejor que nadie en su discurso del 22 de abril, en una sala llena de socios, científicos y funcionarios del gobierno: "Esto no es filantropía. Es el costo de hacer negocios en una costa cuyo valor depende enteramente de la salud del mar que tiene enfrente."
Tiene razón sobre la infraestructura que falta sobre el suelo. Tiene más razón aún sobre la que se nos escapa bajo el agua.
El Centro de Innovación Marina y el Hub de Innovación Marina de la República Dominicana están preparados para recibir nuevos socios, empresas que quieran poner su nombre detrás de algo concreto, líderes que entiendan que la salud de esta costa y la salud de su negocio son la misma cosa.
La infraestructura de cemento se puede construir después. El arrecife no puede esperar.

Jake Kheel