Cruz Jiminián
El desafío de garantizar una muerte digna cuando los recursos económicos escasean
El doctor Félix Antonio Cruz Jiminián vuelve a meterse en problemas que muchos ignoramos o en los que preferimos no involucrarnos. No es algo extraño en sus más de 40 años de trayectoria de servicio social. Con epicentro en Cristo Rey, sus apellidos se han convertido en un símbolo de bondad.
Su labor parte de una idea sencilla: la medicina no puede depender únicamente del bolsillo del enfermo. A su vocación sanitaria ha sumado programas de alimentación, vacunación, cirugías, asistencia a envejecientes, atención a enfermedades de alto costo y otros servicios que exceden mi conocimiento sobre su obra. Solo lo he tratado profesionalmente.
Ahora se propone levantar el Hospital de la Dignidad, destinado a ofrecer cuidados paliativos a pacientes terminales pobres, personas para quienes ya no existe una cura, pero que merecen controlar el dolor, recibir atención médica y pasar sus últimos días acompañadas por sus familias de manera digna.
La iniciativa es difícil de cuestionar, pero también obliga a preguntarnos por qué una necesidad tan elemental sigue dependiendo, en buena medida, de la filantropía.
Morir sin dolor evitable, con atención médica y acompañado, no debería ser un privilegio de quien tenga los fondos exclusivamente en un país donde todavía es difícil romper el círculo de la pobreza. Tampoco es un problema exclusivamente dominicano. Mundialmente es una tarea relegada.
Para el proyecto, Cruz Jiminián pretende reunir unos 100 millones de pesos y construir inicialmente 30 habitaciones. Luego vendrá lo verdaderamente duro. Deberá garantizar médicos, enfermeras, medicamentos, alimentación y financiamiento permanente, después que desaparezca el entusiasmo del primer picazo.
El reto será sostener una obra destinada a personas que ya no tienen posibilidad de producir ingresos. Y es allí donde radica el sentido más humanista: no abandonar a quienes no pueden ser curados. Ese desafío exige respaldo público, privado y ciudadano más allá de una donación inicial. Hay que apoyar al doctor Cruz Jiminián. De la muerte, al final, nadie se escapa.

Omar Santana