Institucionalidad
Se ha escrito mucho de que en el país han bajado los niveles de institucionalidad.
Si bien es cierto que se pueden citar casos en los cuales la institucionalidad sale lesionada, no es menos cierto que en los últimos dos años se han presentado situaciones que han fortalecido la institucionalidad del país de manera extraordinaria.
El mejor ejemplo es el del Tribunal Constitucional.
Esa Alta Corte ha emitido decisiones que han comprometido seriamente la voluntad de los poderes públicos, y nadie se ha atrevido a desacatarlas.
Ni el Poder Ejecutivo, ni el Legislativo, ni el Judicial.
Independientemente de la calidad jurídica de las mismas, o de la simpatía que despierten.
Si eso no es un paso fundamental en el desarrollo de la institucionalidad democrática del país y en la consolidación de un Estado Social de derecho, no encuentro otro ejemplo mejor.
Es verdad que nos falta mucho, pero la situación institucional del país ha viajado años luz desde que el Tribunal Constitucional comenzó a emitir sus decisiones.
En ese sentido, hay que reconocer el respeto que han tenido los poderes del Estado a esas decisiones. Podrán no gustarle o sentirse incómodos con ellas, pero las han acatado, como manda la Constitución, y en vez de violarlas, han buscado salidas a los problemas que plantean.
No se puede ser mezquino en esto, y hay que reconocer que este país es otro, institucionalmente hablando, desde la Constitución del 2010.
Diario Libre
Diario Libre