El dinero no educa
Las evaluaciones de educación decaen y República Dominicana se posiciona muy abajo. La clave está en el apoyo familiar y profesoral directo

La educación de las nuevas generaciones es un proceso integral, societal, que involucra a los estudiantes, pero ineludiblemente también a sus padres, profesores, escuelas, y a las políticas públicas del sector. Por eso, las evaluaciones de PISA incluyen preguntas sobre todos estos aspectos.
En el caso de RD se observa una leve mejora en ciencias, pero solo colocaron sobre el nivel mínimo requerido un 26 % de los estudiantes evaluados, la media de otros países es 74 %. En China, el 97 % de los estudiantes superaron.
Algo similar ocurrió con la lectura - solo 23 % de los evaluados logró superar el baremo mínimo ante una media para los países de la OECD de 69 %. Apenas el 19 % superó la prueba de capacidad de resolver problemas de computación.
Pero es en el área de matemáticas donde logramos un antihito: solo 9 % de los evaluados alcanzaron el mínimo aceptable. Esto implica que la gran mayoría de los dominicanos no están preparados para concursar con el resto del mundo. Y las deficiencias traspasan a la industria universitaria, tan rentable.
Las evaluaciones máximas en matemáticas corresponden a países asiáticos, Estonia, Canadá, Irlanda y Suiza. Las mínimas a Filipinas, Uzbekistán, Rep. Dominicana, Cambodia, Jordania, Paraguay, El Salvador y Palestina. Todos dedican entre 3.2 %-6.0 % de su PIB a educación. Dato relevante: los países ganadores tienden a mostrar poca diferencia entre las escuelas públicas y privadas. Cinco países latinoamericanos, con R.D. lidereando, están en el top 10 de las diferencias más amplias.
Mundialmente, hay un patrón de caída general. Se argumentó que el cierre escolar de la pandemia había afectado negativamente al aprendizaje, pero la tendencia inicia en 2012. En menos de una generación, las evaluaciones han perdido un 6 %. Alemania se sorprendió de su mediocridad, ¿la inmigración masiva jugaría un rol?
La explicación sobre la menor capacidad de lectura remite al uso más intensivo de medios digitales. Se estima que con la comunicación digital la conversación cara-a-cara ha disminuido un 28 % desde 2005. Psicólogos estiman que esto se traduce en la reducción de 120,000 palabras habladas por año. Junto con las abreviaciones, los emojis (dibujitos) y las restricciones de espacio (Twitter-X) se va limitando la capacidad de articular pensamientos complejos.

Consideremos que la distinción entre humanos y simios, que comparten 97 % de nuestro ADN, es el lenguaje, o la capacidad de transmitir ideas abstractas y atemporales.
¿Y las matemáticas? RD posicionó #82 entre 88 países. El prerrequisito del cálculo es la concentración. Visualice el borrollo de un barrio y comprenderá. La concentración también requiere tranquilidad emocional. En los países asiáticos hay pocos divorcios y mucho orden societal. Contrapunto: los países de peor ranking, Rwanda, Kenya, Iraq y El Salvador, incluyen hasta escenarios de guerra.
Interesantemente, correlaciona bastante bien con los logros de cada país el indicador de frecuencia con la que la familia se interesa por la escolaridad y motiva al estudiante. En atención familiar RD queda en el lugar #70 de 88 países, aunque los estudiantes dicen interesarles conocimientos nuevos y que los profesores son cooperadores.
Las conclusiones se van perfilando: el uso de comunicaciones digitales reduce la capacidad lingüística; la falta de tranquilidad societal, desorden escolar o familiar incide en la concentración necesaria para las matemáticas; el involucramiento de padres y profesores mejora el desempeño; y el gasto público, aunque importante, no logra sobrellevar la falta de los factores anteriores.
En resumen, el dinero no educa (la tecnología tampoco). Las condiciones que co-crean el aprendizaje son los factores humanos. Comencemos leyéndoles a los niños y lo demás irá cumpliéndose con más facilidad. Y a formar profesores.

Ellen Pérez Ducy