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Exhibición: Taínos, caribes y mayas

Una importante exhibición que rescata el valor y el patrimonio de los antiguos habitantes de la isla

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Exhibición: Taínos, caribes y mayas
Los objetos taínos como símbolos de resistencia cultural. (FUENTE EXTERNA)

Hace unos meses pude ver la exposición que se hizo en la Zona Colonial con la colaboración y el auspicio del Banco Popular Dominicano y la Fundación García Arévalo (Centro Cultural Taíno Casa del Cordón). Asombrado por los objetos taínos de la exhibición, me pareció haber entrado en un túnel del tiempo. En nuestra visita, acompañada de fieles amigos, aparecerían los misterios de una civilización perdida.

Esta exposición es extremadamente importante por el caudal de conocimientos que ofrece a los visitantes. Puede relatarse todo el esfuerzo histórico por comprender la cosmovisión taína a partir de los restos arqueológicos. Para sondear el proceso, debemos adentrarnos en los libros que tratan la dramática vida de los taínos. Podemos rastrear todo lo que ha ocurrido con la herencia taína y analizar los restos con sentido crítico. Podemos arribar a conclusiones sobre el proceso histórico de las encomiendas y la colonización.

Con el correr de los años, hemos leído aquellas historias que nos cuentan de una civilización arrastrada al universo del éter —o a la postvida—, luego de vivir bajo la inclemente bota del español y el régimen de las encomiendas (su abolición es de 1718, aunque en Paraguay hubo encomiendas autorizadas por el rey hasta 1769). Si nos fijamos en las crónicas posteriores que han sido publicadas durante siglos, hay que entender el choque civilizatorio en que consistió la conquista de América.

Los investigadores nos han narrado la enorme cantidad de indios que perdieron la vida en todo el proceso, en lo que hoy podemos llamar una "catástrofe demográfica". Según la Universidad de California en Berkeley: "La población taína sufrió una catástrofe demográfica tras la llegada de los españoles en 1492, reduciéndose drásticamente debido a enfermedades infecciosas, trabajos forzados (esclavitud), hambrunas y violencia directa. Se estima que la población pasó de cientos de miles (o millones) a casi la extinción en pocas décadas".

Debido a su importancia epocal y al rescate de la memoria indígena, la exhibición de la Casa del Cordón cumple su función histórica. Los restos arqueológicos son percibidos en representaciones gráficas, en cuadros y vitrinas de lo que llamamos hoy el arte taíno: burenes, ánforas, cemíes, vasijas, fututos, inhaladores, hachas, casabe, majadores, rocas, manatíes, petroglifos, el rito de la cohoba, la cestería que le ha permitido, junto a la cerámica, a los historiadores y arqueólogos hallar similitudes con el mundo arahuaco de la cuenca del Orinoco.

Para conocer más sobre el mundo de la conquista, es interesante bucear en las crónicas de Gonzalo Fernández de Oviedo (impresa en 1535 y editada completa en 1851 en cuatro volúmenes con el cuidado de José Amador de los Ríos), de Bartolomé de las Casas (Protector Universal de todos los indios y obispo de Chiapas en 1543; su obra Apologética historia sumaria es de 1536) y de Pedro Mártir de Anglería (Las décadas del Nuevo Mundo, escrita entre 1494 y 1505 en diez capítulos), para solo citar tres historiadores de aquellas épocas. Estos historiadores relatan lo que ocurrió en la conquista con voces de testigos.

Para comprender el escenario que se nos abre como una carta náutica, si vamos a Centroamérica podemos notar lo que ocurre allí: en un estudio de la National Geographic Society podemos ver los restos de la civilización maya; más cerca de Guatemala, presenciamos los restos de Tikal. Ubicado en el corazón del Petén, en Guatemala, Tikal es uno de los mayores yacimientos arqueológicos de la civilización maya, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1979.

Para el observador de estos restos, sea este un aficionado o un experto, está claro que estas civilizaciones —téngase en cuenta la maya— tenían una clara sociedad de "dones avanzados".

En aquella época lejana, los cronistas miraron enteramente el proceso y narraron todo lo que ocurría, a veces tomando partido ideológico en toda la "evangelización" de las comunidades primitivas. Me refiero a los dones que exhiben estas comunidades: iban desde el conocimiento astronómico —el calendario maya— hasta los rituales de la cohoba. Algunos creían que iban a la muerte con el conocimiento de los antiguos que iban allí primero. Recurriendo a las crónicas lejanas, podemos atrevernos a afirmar que hay una escatología en todo el tema de las antiguas civilizaciones. Esto puede servirle al hombre moderno: el mundo de la oscuridad —digamos, la muerte— era un pasadizo hacia otra vida, algo que debieron percibir Fray Ramón Pané y otros historiadores. Juzgando la ocurrencia de los hechos históricos y el caudal de la información de las costumbres taínas, me parece que esta tesis es original mía, lo que es un plus.

En otros contextos y otras narrativas de civilizaciones lejanas, si vamos al mundo sumerio y egipcio (solo para mencionar el antiguo mundo de aquellas lejanas tierras), podemos decir que teníamos —nosotros, los seres humanos— una fervorosa creencia en la vida después de la vida.

Detenida en el tiempo moderno, abierta a la mirada de los lectores, la exhibición de la colección permanente "Nuestros primeros pobladores", en la Zona Colonial nos permite ver y comunicar el importante legado de nuestros ancestros.

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El autor es mercadólogo, escritor y melómano nacido en 1974.