El Banco Popular pudo haber nacido en Moca
Santiago, la cuna del desarrollo tras Trujillo

Poco tiempo después de producirse el acto supremo de liberación que significó el 30 de mayo de 1961, no solo comenzaron a manifestarse inquietudes políticas de parte de un conglomerado social que había sufrido el estado de limitaciones que generó la dictadura, sino que también se presentó la oportunidad de que sectores empresariales y jóvenes emprendedores buscasen aprovechar las nuevas expectativas para engendrar ideas y metas que movilizaran la economía nacional a través de proyectos personales y colectivos. La tiranía no permitía esas posibilidades y los emprendimientos muchas veces originaban sospechas inauditas y celos económicos en la esfera, siempre dócil, del poder omnímodo.
Santiago, en primer lugar, se convirtió en la cantera de estos nuevos emprendedores y desde la capital del Norte se iniciaron, en gran medida, los hechos sociales, políticos y económicos que facilitarían el inicio de una etapa de desarrollo nacional inédita, en medio de la pelonería inmensa que había producido la dictadura a causa, sobre todo, de la crisis que comenzó a germinar desde que cerraron los fastos, en 1955, de la Feria de la Paz y Confraternidad del Mundo Libre, que colocó al dictador en la cúspide de su gloria pero que, al mismo tiempo, provocó el inicio de su destronamiento, no sólo por la represión política sin parangón que ejecutaron sus sicarios, sino también por el descalabro económico del país que comenzó a advertirse desde entonces.
Hubo una época, a partir de 1961, en la que, en medio de consternaciones varias, dificultades políticas, desmadres gubernativos, el país siempre esperaba la voz de Santiago. "Habló Santiago", escuchaba decir entonces siendo yo un preadolescente. Y los comunicados en la prensa de los máximos representantes de esa comunidad sugerían lo que debía hacerse en cada situación o manifestaban sus interrogantes y repulsas a determinadas medidas de los poderes instalados en la capital de la República. El país se paralizaba hasta que no hablase Santiago. Literal.
Fue en Santiago donde nacieron los grupos que comenzaron a movilizar a la sociedad dominicana para empujar el desarrollo que demandaban los nuevos tiempos de libertad, sin el temor de las represalias trujillistas. Lo usual es que consideremos prohombres a los gestores de la nacionalidad, a los héroes cívicos, a los comandantes de jornadas guerreras, con los cuales se construyó la nación. Pero, también lo han sido, y siguen siendo, los que comandan el progreso y dinamizan la historia a través de emprendimientos que contribuyen a mejorar y solidificar la economía y a procurar mejoras sociales que sirvan para construir un país con mejores perspectivas, sobre todo saliendo de un gobierno férreo de treinta años que colocaba frenos a la gerencia de ideas de transformación social. Las conquistas políticas deben siempre estar acompañadas de conquistas sociales y económicas, porque el bienestar no se construye con ideas sino con hechos concretos de superación social y de emprendimiento financiero. Los prohombres, pues, no están solamente en la heroicidad política, sino también en la voluntad guerrera de los que edifican sociedades fuertes en el ámbito económico. Santiago fue el centro vital de la nación dominicana postdictadura en este campo. El país parecía paralizado al caer el dictador. Se había cumplido una importante meta con su ajusticiamiento, ¿y después qué?
Entre los que se unieron a las luchas para reconstruir el país estaba un grupo de jóvenes empresarios e industriales de la ciudad corazón. Tomaron parte activa en las batallas políticas de aquellos meses dramáticos entre 1961 y 1962, pero también encaminaron acciones efectivas para salir de la inmovilidad socioeconómica que sufría la nación, acostumbrada a que toda realidad en ese orden estuviera decidida por las fichas del tablero del dictador. Menos de dos meses después del 30 de mayo, ya los emprendedores santiagueros estaban empujando ideas en embrión, al margen de la virulencia política de aquellos tiempos aciagos. Cuenta Frank Moya Pons que a las 8 y 30 minutos de la noche del 6 de julio de 1961 -Trujillo tenía apenas 37 días en su ataúd y sólo 33 que había sido introducido en la cripta funeraria de la iglesia frente al parque Piedras Vivas de su natal San Cristóbal- el grupo de los prohombres del desarrollo nacional postdictadura, apenas jóvenes treintañeros la mayoría, se reunía en casa de Alejandro Grullón Espaillat para constituir la Asociación para el Desarrollo de Santiago, la primera entidad formada para generar ideas creativas que cambiaran el rumbo de la economía y del bienestar ciudadano en la República Dominicana. Víctor Espaillat Mera, Arturo Grullón, Tomás A. Pastoriza, Sebastián Mera, J. Armando Bermúdez (Poppy), Carlucho Bermúdez, Guillermo León, Gustavo A. Tavares y Luis Crouch, junto al anfitrión del suceso histórico, echaban entonces las zapatas del desarrollo nacional que iniciaba una larga trayectoria, como era de esperarse en un país afectado por tres décadas de oscurantismo. Díaz después fueron integrados a este grupo Modesto Aróstegui, José A. León y Salvador Jorge Blanco, este último en calidad de abogado del grupo. Pertenecían a la élite social, profesional y económica de Santiago y, sin saberlo, iban a convertirse en parte de la élite desarrollista de la nación, impulsadora de proyectos que devendrían en factores de cambio.
Alejandro Grullón era para esa época, con 33 años, un productor de guineos y un industrial de fundas plásticas. Se había iniciado en la producción de bananos para la Grenada Company, ubicada en Montecristi, cuando tenía apenas 25 años de edad. Antes fue administrador de aserraderos y productor de arroz. Para la época que refiero había sido nombrado en el consejo de directores del Banco Agrícola. Tenía trayectoria de trabajo en firme. El desplante de un gerente bancario, a quien acudió para un préstamo que le permitiera incrementar su producción, lo llevó a predecir su destino en medio de la ira que le produjo aquella negativa, cuando le dijo al ejecutivo del banco extranjero que le negó el apoyo que requería: "No te apures, tú vas a ver que te voy a hacer un banco". La profecía, que en ese momento pareció no más que la amenaza de un productor joven, no se cumpliría hasta un decenio más tarde, pero en el interregno prepararía las condiciones para cumplir con ese objetivo. Para mediados de mayo de 1962, Alejandro Grullón indagaba sobre los pormenores que conllevaba crear un banco comercial. La idea le entraba por su sesera constantemente, sin saber que estaba en los prolegómenos de un gran proyecto empresarial.
Justamente para esos mismos días, según lo que cuenta Moya Pons, en Moca se estaba reuniendo un grupo de pequeños y medianos empresarios, así como de integrantes de su sector profesional, con la misma idea de crear un banco comercial. Para entonces, la banca comercial estaba servida por dos bancos extranjeros: The Royal Bank of Canada, y The Bank of Nova Scotia, que funcionaban como sucursales de sus matrices respectivas desde inicios del siglo XX. Para ese año de 1962, se agregarían The Chase Manhattan Bank y el First National City Bank. El único banco dominicano era el estatal Reservas. La iniciativa mocana estaba liderada por Mario Cáceres Rodríguez, un nieto del presidente Ramón Cáceres que se había convertido en el funcionario más joven del país cuando el Consejo de Estado lo designó gobernador de la provincia Espaillat, con apenas 23 años de edad. El doctor Salvador Jorge Blanco visitó Moca para dictar una charla sobre los objetivos y planes de la Asociación para el Desarrollo de Santiago, con la finalidad de estimular a los empresarios y profesionales mocanos a adherirse a esa entidad o a crear su propio órgano para el mejoramiento social y económico de su comunidad, informándole que la Alianza para el Progreso, obra del presidente John F. Kennedy, estaba en disposición de brindar ayuda en ese tenor. Los mocanos, con Mario Cáceres a la cabeza, atendieron con interés la charla de Jorge Blanco, pero continuaron con su proyecto de crear un banco comercial. Recordarían que entre finales del siglo XIX y el primer cuarto del siglo XX, Moca tuvo un banco comercial creado por los hermanos Fernando y Teófilo de Lara, llamado Lara Sucesores, que según Julio Jaime Julia tuvo "amplio crédito". Recibía depósitos, abría cuentas de ahorros, expedía cheques y facilitaba préstamos. El 11 de agosto de 1962, el grupo de Moca se reunió en el local de la Cámara de Agricultura y Comercio de la villa del Viaducto, ubicada en la céntrica calle Independencia a esquina 26 de julio, y sus integrantes decidieron allí promover la fundación del Banco Popular, designación que acuñaron para nombrar su proyecto. La prensa de la época, que tenía en Moca a dos corresponsales muy activos, Norton Pérez Méndez y Rafael Molina, reseñó esa reunión y destacó su principal objetivo.
El Banco Popular de Moca, en proyecto, recibió el apoyo de nueve de sus integrantes que aportaron entre mil y tres mil pesos, reuniendo la suma de RD$12,000. Recordemos cuáles eran las fortunas de los ricos de Moca durante la Era de Trujillo, que apenas tenía 15 meses de haber concluido, como nos la ha referido, con documentos a mano, Bernardo Vega. Entonces, podríamos concluir que esa suma era lo más que podían aportar los empresarios mocanos a su anhelado proyecto. Mientras tanto, en Santiago, Alejandro Grullón seguía dando forma a similar idea, aunque con muchas ventajas frente a los mocanos.
Lea la segunda crónica, de dos, titulada "De Sasito Frías al Banco de Alejandro", el próximo viernes.