AM.-Un discurso en Intec
Al tomar posesión de su cargo, Rolando Guzmán, el nuevo rector de INTEC, pronunció un discurso serio, sustancioso. Importante.
Una frase abría el camino a un conjunto de reflexiones: "Aunque para algunos resulte imperceptible, nuestros pies se posan sobre un país en proceso de redefinición.(...) La intensidad de los movimientos migratorios, la incorporación de las mujeres al mercado laboral asalariado, el surgimiento de nuevas modalidades de organización familiar, el aumento de la violencia y la marginalidad son apenas unos cuantos ejemplos de los infinitos procesos de cambio en nuestra sociedad."
Ni somos lo que éramos, ni sabemos cómo vamos a ser. La sociedad, no sólo aquí, ni se parece a la de hace 15 años. Ha cambiado la mujer y la familia. La educación y la economía. Las creencias religiosas y la presencia de la ciencia en la vida diaria. El sentido del trabajo, del dinero y el valor del tiempo. Las aspiraciones de los jóvenes y las necesidades de los viejos. Todo.
Así ha sido siempre, sólo que ahora más rápido.
Guzmán habló de las deficiencias de la educación terciara, de una realidad en la que "las universidades tienen una incidencia cada vez más limitada en los procesos políticos y sociales".
La universidad también tiene que replantearse su deber en esta sociedad cambiante y agobiada. Tiene que preparar para el empleo, investigar y ayudar al país a entenderse a sí mismo. Y eso, piensa él, "en un contexto social donde la mediocridad es permitida y a veces hasta celebrada".
IAizpun@diariolibre.com
Una frase abría el camino a un conjunto de reflexiones: "Aunque para algunos resulte imperceptible, nuestros pies se posan sobre un país en proceso de redefinición.(...) La intensidad de los movimientos migratorios, la incorporación de las mujeres al mercado laboral asalariado, el surgimiento de nuevas modalidades de organización familiar, el aumento de la violencia y la marginalidad son apenas unos cuantos ejemplos de los infinitos procesos de cambio en nuestra sociedad."
Ni somos lo que éramos, ni sabemos cómo vamos a ser. La sociedad, no sólo aquí, ni se parece a la de hace 15 años. Ha cambiado la mujer y la familia. La educación y la economía. Las creencias religiosas y la presencia de la ciencia en la vida diaria. El sentido del trabajo, del dinero y el valor del tiempo. Las aspiraciones de los jóvenes y las necesidades de los viejos. Todo.
Así ha sido siempre, sólo que ahora más rápido.
Guzmán habló de las deficiencias de la educación terciara, de una realidad en la que "las universidades tienen una incidencia cada vez más limitada en los procesos políticos y sociales".
La universidad también tiene que replantearse su deber en esta sociedad cambiante y agobiada. Tiene que preparar para el empleo, investigar y ayudar al país a entenderse a sí mismo. Y eso, piensa él, "en un contexto social donde la mediocridad es permitida y a veces hasta celebrada".
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