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Estonia y la lección que América Latina no puede ignorar

La transformación digital del Estado como una política de continuidad y liderazgo

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Estonia y la lección que América Latina no puede ignorar
Innovación pública y el reto de preservar el talento técnico estatal. (SHUTTERSTOCK)

Hace algunas semanas tuve la oportunidad de visitar Helsinki y Tallinn y conocer de cerca experiencias concretas de transformación digital, innovación pública y desarrollo tecnológico. El recorrido confirmó que modernizar un Estado no consiste simplemente en incorporar nuevas herramientas, sino en sostener una visión capaz de convertirlas en mejores instituciones y servicios para la ciudadanía.

Las reuniones sostenidas con la e-Governance Academy (eGA) y Cybernetica dejaron una conclusión sencilla, pero profundamente transformadora. Esto es que los países no cambian por aprobar más leyes ni por adquirir más tecnología; cambian cuando existe la decisión de ejecutar una visión con continuidad.

No fueron reuniones para hablar de tecnología por la tecnología. Fueron conversaciones sobre cómo construir instituciones públicas y privadas más eficientes, simplificar los servicios públicos y desarrollar Estados capaces de responder mejor a las necesidades de sus ciudadanos.

Al regresar, la principal conclusión no gira en torno al software, la inteligencia artificial o las plataformas digitales. La verdadera lección es mucho más sencilla y, al mismo tiempo, mucho más difícil de implementar, porque tiene que ver con los hábitos y la mentalidad de las personas. Esto es que los países cambian cuando existe una decisión sostenida de cambiar.

Existe una tendencia natural a pensar que las grandes transformaciones comienzan con una nueva ley, una reforma constitucional o una profunda modificación normativa. En eso, nuestro país suele estar a la vanguardia. Sin embargo, la experiencia de Estonia demuestra que, aunque el marco jurídico es importante, por sí solo nunca produce el cambio.

Lo que realmente transforma un Estado es la voluntad política, la continuidad institucional y la capacidad de ejecutar una visión durante años, incluso décadas. Esto exige preservar los equipos técnicos y evitar que, cada cuatro años, sean sustituidos para satisfacer compromisos partidarios, con la consecuente pérdida de experiencia, conocimiento y memoria institucional.

Estonia no es hoy una referencia mundial en gobierno digital porque un día aprobó una ley innovadora. Lo es porque durante más de veinte años mantuvo una estrategia consistente para digitalizar sus instituciones, conectar sus sistemas de información, generar confianza en la identidad digital y colocar al ciudadano en el centro del diseño de los servicios públicos. Ese es, probablemente, el aprendizaje más valioso para América Latina.

Con frecuencia, nuestras discusiones públicas giran alrededor de reformas legales que prometen solucionar todos los problemas. Reformamos leyes de contratación pública, administración pública, procedimientos administrativos o transformación digital, esperando que, casi por sí mismas, produzcan resultados distintos.

Pero la realidad suele ser diferente. Podemos contar con excelentes leyes y, aun así, mantener procesos lentos, instituciones desconectadas entre sí y ciudadanos obligados a presentar una y otra vez la misma documentación ante distintas entidades públicas. La transformación ocurre cuando las instituciones comienzan a trabajar como partes de un mismo sistema.

Precisamente ahí es donde las tecnologías desarrolladas por organizaciones como Cybernetica muestran su mayor valor. Su experiencia en plataformas de interoperabilidad permite que distintas entidades públicas intercambien información de manera segura, reduciendo duplicidades, eliminando trámites innecesarios y ofreciendo servicios mucho más ágiles a ciudadanos y empresas.

No se trata simplemente de digitalizar los formularios existentes. Se trata de rediseñar la manera en que el Estado presta sus servicios. Imaginemos, por ejemplo, procesos de permisos de construcción en los que las validaciones municipales, ambientales, catastrales y registrales puedan intercambiar información automáticamente; sistemas de contratación pública en los que las verificaciones documentales se realicen mediante la interoperabilidad entre instituciones; o plataformas que permitan a inversionistas nacionales y extranjeros gestionar múltiples autorizaciones desde un único punto de acceso, con trazabilidad completa y tiempos significativamente menores.

La tecnología ya existe. Lo que muchas veces falta es la decisión institucional de utilizarla. En la República Dominicana se han dado pasos importantes en materia de gobierno digital durante los últimos años. Existen instituciones comprometidas, profesionales altamente capacitados y una creciente conciencia sobre la importancia de la transformación tecnológica. Sin embargo, alcanzar el siguiente nivel exige algo distinto.

Exige que la transformación digital deje de ser un proyecto aislado de determinadas instituciones y se convierta en una verdadera política de Estado, sostenida en el tiempo e independiente de los cambios administrativos o políticos. La continuidad institucional es uno de los activos más valiosos de cualquier proceso de modernización.

También resulta imprescindible continuar fortaleciendo la colaboración entre los sectores público y privado, la academia y los centros internacionales de innovación para lograr una verdadera integración y transformación digital. Las mejores soluciones rara vez nacen del aislamiento. Surgen del intercambio permanente de experiencias, del aprendizaje comparado y de la adaptación inteligente de modelos exitosos a cada realidad nacional.

Ese fue precisamente el valor de las reuniones sostenidas durante esta visita a Estonia. Más allá de conocer plataformas o soluciones tecnológicas específicas, permitieron comprobar que muchos de los desafíos que enfrentan nuestros países ya han sido abordados en otras jurisdicciones. No se trata de copiar mecánicamente sus respuestas, sino de aprender qué funcionó, qué fracasó y cómo podemos acelerar nuestros propios procesos de transformación.

En ocasiones pensamos que innovar significa inventar algo completamente nuevo. Sin embargo, la verdadera innovación consiste muchas veces en tener la humildad de aprender de quienes ya recorrieron ese camino. La República Dominicana cuenta con el talento humano, el dinamismo económico y las condiciones necesarias para avanzar decididamente hacia un Estado más moderno, eficiente, digital y cercano al ciudadano.

Lo que determinará la velocidad de ese proceso no será la aprobación de una nueva ley ni la incorporación de una plataforma tecnológica adicional. Será nuestra capacidad colectiva para ejecutar, mantener el rumbo y convertir las buenas ideas en políticas públicas sostenibles. Al final, la transformación digital no implica solo un proyecto tecnológico. Es, sobre todo, un proyecto de liderazgo, de instituciones y de voluntad.

TEMAS -

Abogado y Profesor en Derecho Administrativo.