El grave problema del PLD y Leonel: "Contigo porque me matas y sin ti porque me muero"
Las relaciones tóxicas en la historia de la política dominicana

Algunos la consideran parte del cancionero popular de la lírica española, mientras otros la atribuyen al poeta español Antonio Machado, que la publicó en una de sus obras, pero lo cierto es que nadie niega la sabiduría de la frase: "Ni contigo ni sin ti, tienen mis males remedio, contigo porque me matas y sin ti porque me muero".
Desde hace siglos, esta frase describe como una verdad incuestionable, las relaciones tóxicas de pareja y el dolor del desamor. Si seguimos con esa relación, sentimos que las acciones de esa otra persona nos van a matar, pero si la dejamos, entonces sentimos que el dolor de su ausencia nos dejará sin vida.
En la historia política nacional, hemos visto ejemplos de como esa frase aplica con las relaciones entre partidos políticos, como si fueran una pareja tóxica. Veamos:
Ejemplo 1: En 1973, cuando Juan Bosch abandonó el PRD para fundar el PLD, José Francisco Peña Gómez no buscó conciliación, sino que enfrentó a su viejo maestro y líder, ignoró su nuevo partido y reorganizó las bases del PRD en torno a nuevas alianzas con grupos de izquierda y figuras antibalagueristas, para enfrentar al Partido Reformista. Y cinco años después, lograron ganar las elecciones de 1978, disminuyendo a su mínima expresión las posibilidades electorales del recién creado PLD.
Ejemplo 2: Después del PLD alcanzar el poder con el apoyo de Joaquín Balaguer y el PRSC en las elecciones de 1996, y luego de la muerte del caudillo de Navarrete, en 2002, Leonel Fernández y los peledeístas se beneficiaron de los pleitos por la herencia política balaguerista y los conflictos internos en el partido colorao, y representando el pensamiento conservador, absorbieron las fuerzas del PRSC, hasta aniquilarlo y hacerlo prácticamente desaparecer.
Ejemplo 3: Después de la crisis interna y los sillazos por el control del PRD, surgió el PRM, y los líderes de ese nuevo partido nunca buscaron conciliación ni acercamiento con Miguel Vargas y su viejo partido, sino que decidieron romper definitivamente y hacer tienda aparte, aún a sabiendas de que sus posibilidades de éxito electoral para las elecciones de 2016 no eran halagüeñas, pero al final, apostaron a la muerte del PRD hasta aniquilarlo y hacerlo prácticamente desaparecer.
Sin embargo, en la coyuntura política actual hay una relación muy tóxica entre la tradición histórica y fortaleza estructural del PLD versus las contantes aspiraciones de Leonel Fernández y el surgimiento de su nuevo partido, la Fuerza del Pueblo.
Leonel Fernández es una realidad política, se mantiene como líder, con reconocimiento y arraigo en todo el territorio nacional, un gladiador que ha resistido todos los embates y a quien sus adversarios no han podido aniquilar, pero no cuenta con una estructura partidaria acorde al tamaño de su liderazgo y simpatía. La marca personal de Leonel presenta mejores números que la marca Fuerza del Pueblo.
Mientras que en el partido morado ocurre lo contrario. El PLD es un organización con estructura, arraigo, reconocimiento y una obra de gobierno de 20 años diseminada en todo el territorio nacional, pero disperso, con varios liderazgos emergentes que buscan legitimarse ante el electorado y con la prohibición constitucional de que el líder que aglutina la gran mayoría de sus masas, no puede presentarse como candidato presidencial. La marca PLD presenta mejores números que la marca personal de cualquiera de sus aspirantes presidenciales.
Leonel Fernández es un candidato fuerte con un partido estructuralmente débil y el PLD es un partido estructuralmente fuerte, sin candidato. Por lo tanto, ambos caminan cojeando. Leonel sin PLD y el PLD sin Leonel.
Esta situación es más gravosa porque en la psiquis y en el imaginario del electorado dominicano se percibe con un sentimiento casi unánime, que de la única manera que la oposición le gana las elecciones del 2028 al PRM, es si se unen y van aliados. Y recordemos que en estos tiempos, pesa más la percepción que la realidad.
Leonel lleva la parte más incómoda, porque tiene el dilema de ser agresivo en la conquista de sus antiguos compañeros peledeístas, para aumentar su base de apoyo y el crecimiento de su nuevo partido, para apostar a una definición de primera vuelta, a base de la disminución o extinción total de su otrora PLD, so pena de que entonces radicalice la ya de por sí radicalizada parte del danilismo más inflexible, y en un escenario de segunda vuelta, termine acercándolos a preferir al candidato o candidata del PRM, antes que a su verdugo Leonel, como ocurrió en 2016 con el remanente del histórico PRD, que prefirió apoyar y legitimar la reelección de Danilo Medina que apoyar a Luis Abinader como candidato presidencial.
Mientras que si Leonel asume una actitud conservadora y decide respetar la militancia peledeísta de sus excompañeros y no juramentarlos en la Fuerza del Pueblo, corre el riesgo de aventurarse a que en una primera vuelta, el PLD compita en mejores condiciones, al no querer comer la misma base del pastel electoral que ambos comparten en el mismo plato del cumpleaños.
Ciertamente por un lado, ni con PLD ni sin PLD tienen los males de Leonel remedio, con PLD porque no deja crecer a la Fuerza del Pueblo y sin PLD no podría alcanzar la Presidencia de la República...
Definitivamente, ni con Leonel ni sin Leonel tienen los males del PLD remedio, con Leonel porque los mata, aniquilándolos y haciéndolos desaparecer como partido y sin Leonel porque se mueren, languideciendo en la oposición...

Víctor O. Gómez Casanova
Víctor O. Gómez Casanova