La artesanía de la paz
El papa llama a redirigir recursos hacia la dignidad humana

La reciente encíclica del papa León XIV, publicada oficialmente en mayo de este año 2026, es un documento centrado en la dignidad humana y en los desafíos que representa la inteligencia artificial.
A mí, particularmente, uno de los planteamientos que me parece más sugestivos de Magnífica Humanidad es la invitación a sustituir la lógica de la guerra por lo que el papa denomina una «artesanía de la paz».
La expresión no es casual. El papa utiliza la palabra artesanía para resaltar que la paz no se impone por decreto; se construye con paciencia, día a día, mediante acciones concretas realizadas por personas, comunidades y naciones.
León XIV observa que el mundo contemporáneo ha desarrollado una verdadera industria de la guerra. Detrás de los conflictos armados existen enormes inversiones en armamentos, investigación militar, producción de equipos bélicos y tecnologías cada vez más sofisticadas para destruir. Miles de millones de dólares son destinados cada año a preparar guerras, mientras millones de seres humanos carecen de alimentos, atención de salud, educación o vivienda digna.
La encíclica plantea una pregunta moral de enorme profundidad: ¿qué ocurriría si una parte significativa de los recursos financieros, científicos y tecnológicos destinados a la guerra se dirigiera a combatir el hambre, las enfermedades, la pobreza y el deterioro ambiental? El papa sostiene que la humanidad posee hoy la capacidad técnica para resolver muchos de sus problemas más graves, pero frecuentemente destina sus mejores talentos a perfeccionar instrumentos de destrucción.
Cuando habla de la «artesanía de la paz», León XIV propone una cultura diferente. No se trata simplemente de evitar las guerras, sino de crear las condiciones que hagan la guerra menos probable. Esa tarea incluye educar para la tolerancia, fortalecer la justicia social, reducir las desigualdades extremas, promover el diálogo entre pueblos y religiones, proteger los derechos humanos y fomentar una economía orientada al bienestar colectivo.
La imagen del artesano resulta particularmente poderosa. Un artesano trabaja con paciencia, dedicación y atención a los detalles. Del mismo modo, la paz se construye en las familias, en las escuelas, en los medios de comunicación, en las iglesias, en las universidades y en la acción política responsable. Cada acto de respeto, cada gesto de solidaridad y cada esfuerzo por resolver conflictos mediante el diálogo constituyen pequeñas piezas de esa obra mayor.
La reflexión adquiere mayor relevancia en un momento histórico marcado por conflictos armados en diversas regiones del mundo, por el crecimiento de los gastos militares y por la aparición de nuevas tecnologías bélicas, incluida la inteligencia artificial aplicada a la guerra. León XIV advierte que el progreso científico pierde su sentido humano cuando se convierte en un instrumento para multiplicar la capacidad de destrucción.
En realidad, el papa está planteando una opción civilizadora. La humanidad debe decidir si continúa perfeccionando la industria de la guerra o si empleará su inteligencia, creatividad y recursos en desarrollar una verdadera artesanía de la paz. Una fábrica produce armas en serie; la artesanía de la paz forma ciudadanos, construye confianza y fortalece la convivencia.
El mensaje es sencillo, pero profundo: mientras la guerra destruye en horas lo que generaciones enteras han construido, la paz exige tiempo, esfuerzo y perseverancia. Sin embargo, es la única obra humana cuyos frutos pueden ser disfrutados por todos. Esa es la gran apuesta moral que León XIV propone a nuestro tiempo.
Un ajuste estilístico que recomendaría a Luis González Fabra: sustituir en el último párrafo «Sin embargo» por «Pero». Tiene más fuerza y sencillez, y armoniza mejor con el tono reflexivo del artículo.

Luis González Fabra
Luis González Fabra