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Hispanidad: cultura, creación y destino

La lengua compartida: de herencia colonial a protagonista cultural

Nuevamente  las fechas nos encuentran sumidos en dudas de cómo celebrarlas. En la superficie, una revisión de cuánto se desencadenó en nuestro lado del mundo después de aquel 12 de octubre de hace siglos, pero con instrumentos y experiencias propios del presente. Es el primer error:  evaluar procesos históricos asido de prejuicios.  Receta para el engaño.

Hay mucho que celebrar y mucho que lamentar, pero ambas razones se enlazan y nos devuelven la idea de lo que somos y también de lo que nunca fuimos. El buen salvaje es un mito. También la idealización de una conquista desprovista de violencia y oprobios.

Tenemos en nuestro patio a uno de los intérpretes más lúcidos de la hispanidad, a un intelectual  que analizó en toda su profundidad el encuentro-choque entre dos mundos y la síntesis resultante: Pedro Henríquez Ureña. En sus obras  aparece la cultura hispanoamericana con la obligación de conocerse a sí misma para dialogar con el mundo, no para encerrarse en sí misma. Denegar la importancia de España no es propósito,  sino buscar otro centro de gravedad. Ese ejercicio  nos permite reconocer la hispanidad  como cultura, creación y destino. América deja de ser una extensión de la península y muta en protagonista de su propia verdad cultural.

La lengua es un patrimonio compartido. Cruzó el Atlántico, se extendió por territorios inmensos y entró en contacto con realidades humanas, geográficas y culturales desconocidas para sus hablantes  europeos. Esa interacción la transformó y amplió sus posibilidades expresivas. Esa dinámica continúa con una fuerza que sin duda Henríquez Ureña admiraría.

La hispanidad así concebida no debe lealtad absoluta a un imperio, pero tampoco exige absolver los agravios de la historia. La independencia política nos hizo soberanos: la madurez cultural nos permite reconocernos como herederos y creadores a la vez.

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Aníbal de Castro carga con décadas de periodismo en la radio, televisión y prensa escrita. Toma una pausa en la diplomacia y vuelve a su profesión original en DL.