×
Versión Impresa
Edición Impresa.
Secciones
Última Hora
Podcasts
Encuestas
Servicios
Plaza Libre
Efemérides
Cumpleaños
RSS
Herramientas
Más
Contáctanos
Sobre Diario Libre
Aviso Legal
Redes Sociales

Nuestro castillo rodante

El ascenso del vehículo todoterreno como certificado de estatus

Se han convertido en el vehículo más popular y en una declaración rodante de estatus social. Se habla ya hasta de la yipetocracia. Son todoterrenos, algunos con tracción en las cuatro ruedas y los más lujosos, propiedad de bolsillos con tracción.

Las cifras confirman que el romance va en serio. Casi la mitad de los vehículos importados al país durante los primeros siete meses del año fueron yipetas. De moda pasajera, a prácticamente una filosofía nacional sobre cuatro ruedas.

Hay una explicación sencilla y hasta razonable. En la jungla de las calles y carreteras dominicanas, un yipetón es una suerte de refugio metálico contra motores que aparecen de la nada, Sonatas que cambian de carril por inspiración divina y conductores para quienes la luz roja parece apenas una recomendación.

No todo es seguridad. La yipeta habla. Dice quién somos o quién queremos que los demás crean que somos. La altura del vehículo proporciona una curiosa elevación social. Desde allá arriba el mundo luce distinto y hasta los hoyos parecen ajenos.

Cuanto más grande, mejor. Como extensión del ego, oficina móvil y escudo contra la naturaleza salvaje de algunos conductores. Los cristales oscuros completan esa irresistible combinación dominicana de ostentación y misterio.

Nos hemos hermanado en la preferencia por la yipeta. Nuevas, usadas, japonesas, coreanas, europeas, estadounidenses y ahora chinas. Democracia automotriz con estratos perfectamente visibles.

En el país, el ascenso económico necesita todavía exhibir sus credenciales. El tamaño del vehículo funciona como certificado de éxito. El casón cedió simbolismo al yipetón. Igual mensaje, solo que ahora circula, toca bocina y ocupa dos parqueos.

Al final, quizás la yipetocracia sea solamente nuestra manera peculiar de enfrentar el tránsito. Si no podemos arreglar la jungla, por lo menos atravesémosla desde un vehículo grande.

TEMAS -

Aníbal de Castro carga con décadas de periodismo en la radio, televisión y prensa escrita. Toma una pausa en la diplomacia y vuelve a su profesión original en DL.