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La fianza del amigo

Entre el derecho a migrar y la realidad de las alianzas internacionales

Estados Unidos tiene perfecto derecho a decidir quién entra a vivir en su territorio y bajo qué condiciones. Ningún país está obligado a importar pobreza ni a financiar, con los impuestos de sus ciudadanos, a quienes llegan sin medios para sostenerse. Si la República Dominicana recibiera una corriente de inmigrantes dispuestos a instalarse de inmediato en los hospitales públicos, las escuelas, los subsidios y cuanto beneficio reparte el Estado, no tardaríamos cinco minutos en reclamar controles todavía más severos. ¿Por qué hay menos haitianos en los hospitales públicos?

Conviene, pues, moderar la indignación. También nosotros sabemos distinguir entre la hospitalidad y la ingenuidad.

Otra cosa muy distinta es la afrenta simbólica de que Washington haya escogido precisamente a la República Dominicana como laboratorio para estrenar su programa de fianzas por carga pública. Ese detalle escuece. No porque viole un derecho —que no lo hace—, sino porque revela una percepción. Cuando un país inaugura una política con otro, está enviando un mensaje sobre dónde cree que reside el problema.

Tampoco ayuda que algunos dominicanos hayan desarrollado una curiosa habilidad para "colectar" beneficios del Estado benefactor estadounidense. Unos pocos conocen con admirable precisión el mapa de las ayudas públicas, las prestaciones y los programas sociales, como si hubieran estudiado un posgrado en asistencia gubernamental. Esa realidad existe y sería absurdo negarla.

La lección, empero, trasciende la inmigración. Conviene recordar, una vez más, que en política exterior los sentimientos ocupan poco espacio. Los Estados Unidos pueden ser un aliado estrecho, un socio comercial indispensable y un vecino decisivo. Pero actúan, como todas las potencias, guiados por sus intereses nacionales antes que por los afectos.

La amistad entre los países es una hermosa figura retórica. Los intereses, en cambio, motivan las decisiones.

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Aníbal de Castro carga con décadas de periodismo en la radio, televisión y prensa escrita. Toma una pausa en la diplomacia y vuelve a su profesión original en DL.