Las verdades de Yeni
La equidad de género es justicia, no una agenda opcional
Concuerdo con Yeni Berenice Reynoso en su reflexión, profundamente reveladora, sobre las múltiples resistencias que enfrentan las mujeres en su acceso y ejercicio del poder, particularmente en sociedades con arraigadas estructuras patriarcales como la dominicana. Su testimonio expone con claridad las dificultades inherentes a ocupar espacios de liderazgo siendo mujer. Desenmascarada la lógica de un sistema que exige solo a las mujeres una constante revalidación de su capacidad.
La procuradora desmantela uno de los mitos más insidiosos del discurso machista: la supuesta superioridad masculina en el ejercicio de la autoridad y la eficacia. Cuando relata que era frecuente escuchar el comentario "haces el trabajo como un hombre", revela el anclaje cultural que niega el valor propio de lo femenino. Bajo esa lógica, el mérito y la competencia son atributos masculinos, como si el desempeño de una mujer debiera legitimarse a través de parámetros ajenos a su identidad. Su respuesta es categórica y crítica desde una perspectiva feminista: "Lo hacía como una mujer".
La defensa de la equidad de género —tiene razón— desborda el mero ejercicio de conveniencia o la adhesión simbólica. Es un compromiso ineludible con acciones concretas para transformar realidades marcadamente injustas. La cifra que aporta, cerca de 70,000 denuncias anuales de violencia de género e intrafamiliar, de las cuales más del 95 % son interpuestas por mujeres, resalta de manera cruda el fracaso de un sistema que niega a la mitad de la población el derecho más elemental: a la vida y a la dignidad.
La equidad de género desborda el simple tema de agenda: es justicia estructural. Inadmisibles tanto las neutralidades cómodas como la descalificación bajo el pretexto de "agenda progresista". Hablar de igualdad es hablar de una deuda histórica con pago urgente.