A.M. - Exceso de regulación
Se quejaba un empresario el otro día de que ya su preocupación no es producir riqueza sino cumplir con las autoridades.
Decía este señor, que ha invertido los dineros de su familia en un negocio mediano de servicio, que cada día enciende su computador y entra enseguida a los sitios de Internet de las oficinas recaudadoras a ver qué nuevo requisito se han inventado, qué nuevo formulario tiene que llenar, cuántas nuevas facturas tiene que enviar a imprimir, para que luego le digan que esas no eran, sino otras, en fin, cuántas nuevas regulaciones tiene que cumplir para evitar una multa de las autoridades o una investigación que le cierre el negocio por supuesto fraude al Estado.
Contaba con mucha preocupación el amigo, que su volumen de negocios le permitía tener un contador a tiempo parcial y una iguala de cómputos para mantener sus sistemas operando, pero que ahora, a consecuencia de las tantas regulaciones e informes que debe presentar, ha tenido que crear un departamento de contabilidad y contratar a un ingeniero de sistemas, e invertir en equipos, al punto que deberá mover su oficina, pequeña como su negocio, porque ya no caben en ella.
Todo esto es muy frustratorio para el que tiene un negocio pequeño (y el país necesita que se desarrollen las Pymes), y una advertencia para el que se quiera instalar, porque ahora administrar un negocio es trabajar para el fisco.
La situación, en todo su dramatismo, debiera llamar a preocupación. Las autoridades fiscales debieran evaluar el costo-beneficio para el país y para el desarrollo de empresarios, del exceso de regulación.
atejada@diariolibre.com
Decía este señor, que ha invertido los dineros de su familia en un negocio mediano de servicio, que cada día enciende su computador y entra enseguida a los sitios de Internet de las oficinas recaudadoras a ver qué nuevo requisito se han inventado, qué nuevo formulario tiene que llenar, cuántas nuevas facturas tiene que enviar a imprimir, para que luego le digan que esas no eran, sino otras, en fin, cuántas nuevas regulaciones tiene que cumplir para evitar una multa de las autoridades o una investigación que le cierre el negocio por supuesto fraude al Estado.
Contaba con mucha preocupación el amigo, que su volumen de negocios le permitía tener un contador a tiempo parcial y una iguala de cómputos para mantener sus sistemas operando, pero que ahora, a consecuencia de las tantas regulaciones e informes que debe presentar, ha tenido que crear un departamento de contabilidad y contratar a un ingeniero de sistemas, e invertir en equipos, al punto que deberá mover su oficina, pequeña como su negocio, porque ya no caben en ella.
Todo esto es muy frustratorio para el que tiene un negocio pequeño (y el país necesita que se desarrollen las Pymes), y una advertencia para el que se quiera instalar, porque ahora administrar un negocio es trabajar para el fisco.
La situación, en todo su dramatismo, debiera llamar a preocupación. Las autoridades fiscales debieran evaluar el costo-beneficio para el país y para el desarrollo de empresarios, del exceso de regulación.
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