Los trastornos alimenticios: una enfermedad que trasciende la comida
Los TCA son considerados enfermedades graves que afectan tanto a la salud física como mental
Juan Esteban, un joven de 18 años, sufrió acoso por su peso desde los 12 años, especialmente por parte de su propia familia.
Esta experiencia lo llevó a tomar la decisión de someterse a un cambio drástico en su alimentación y hábitos para mantener su peso bajo.
Su miedo al rechazo y la creencia de que solo siendo delgado podría ser aceptado y querido, marcaron el inicio de lo que más tarde se manifestaría como un Trastorno de la Conducta Alimentaria (TCA).
Este caso ilustra cómo los TCA pueden originarse, a menudo, en una búsqueda desesperada de validación y aceptación.
En el caso de Juan, la falta de apoyo emocional en su núcleo familiar lo llevó a buscar soluciones en conductas que le ofrecieran control sobre su cuerpo, buscando una forma de cumplir con estándares que él mismo se imponía, pero que lo alejaban de una alimentación saludable.
Los Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA) incluyen cualquier comportamiento anómalo relacionado con la alimentación o la ingesta de alimentos.
En el caso de Juan, los patrones de conducta eran evidentes: una ingesta de alimentos extremadamente reducida, con una elección estricta de alimentos bajos en calorías y ricos en fibra, y un enfoque obsesivo hacia el ejercicio físico.
Sin la orientación adecuada de un nutriólogo, estas decisiones terminaron siendo perjudiciales para su salud. Además, Juan comenzó a modificar su estilo de vestir, optando por ropa más holgada para evitar llamar la atención sobre su cuerpo.
Según Marisol Ivone Guzmán Cerda, psicóloga clínica, decana de la Facultad de Humanidades y Educación de la UNPHU y terapeuta en el Centro Psicológico Bienestar Familiar Vergés Guzmán, trastornos emocionales, como los TCA, pueden generar graves problemas en la salud física de las personas.
“Pueden estar asociados a problemas de autoestima, creencias irracionales, sentimientos de frustración, falta de recursos para afrontar las dificultades, historial familiar y factores sociales como el acoso escolar o bullying”, explica la especialista al abordar los efectos devastadores de estos trastornos -que tanto perjudican la salud física como emocional- y proclama la importancia de sensibilizar a la sociedad sobre este tema y brindar el apoyo necesario a quienes lo necesiten.
Clasificación de los TCA
Según el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales, los Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA) se clasifican en:
- Trastorno por atracón: se caracteriza por presentar conductas asociadas a comer grandes porciones de comida en períodos de tiempo muy cortos, acompañados por la sensación de pérdida de control.
- Bulimia nerviosa: episodios que alternan conductas de ingesta excesiva de alimentos seguidos de conductas para evitar ganar peso, como inducir el vómito, exceso de ejercicio o el uso de laxantes. Este trastorno se convierte en degenerativo porque causa efectos secundarios como fluctuaciones de peso, caries dentales, inflamación en las glándulas salivales y un comportamiento secreto respecto a la comida.
- Anorexia nerviosa: su principal característica es el temor intenso a conquistar peso y una imagen corporal distorsionada, lo que lleva a las personas a limitar de manera extrema la ingesta de comida. Los afectados pueden mostrar una pérdida de peso significativa, cansancio, cambios en la piel, pérdida de cabello y cambios en la temperatura del cuerpo.
Existen otros trastornos asociados
- Pica: se caracteriza por la ingesta de sustancias no comestibles, como tierra, cabello, papel, entre otros materiales que no aportan nutrientes. A menudo se asocia con deficiencias nutricionales, especialmente la falta de hierro. La intervención generalmente ocurre cuando la persona es llevada a urgencias debido a una ingesta excesiva o peligrosa de estos materiales.
- Trastorno de rumiación: aquí la persona regurgita los alimentos previamente ingeridos y los vuelve a masticar, sin la intención de vomitar. Este comportamiento puede ir acompañado de ruidos incómodos, lo que puede generar malestar físico y social.
- Trastorno de restricción de ingesta: los afectados rechazan activamente la ingesta de alimentos o reducen drásticamente su consumo con el fin de perder peso. La característica principal es la distorsión de la percepción corporal: se ve en el espejo y no logra reconocer su peso de manera realista, lo que afecta gravemente su energía, salud física y bienestar general.
Los más afectados
Los Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA) pueden afectar tanto a hombres como a mujeres, sin importar su edad, y se desarrollan especialmente en poblaciones vulnerables.
Sin embargo, tienen un impacto más significativo en los jóvenes porque aún están en proceso de consolidar su identidad y personalidad.
En el caso de los adultos, estos trastornos son más prevalentes en mujeres, aunque también pueden presentarse en hombres, especialmente cuando enfrentan presiones sociales y no cuentan con las herramientas adecuadas para afrontarlas.
Según los estudios de Deborah Mitchison y Phillipa J. Hay (2014), las mujeres representan entre el 85% y el 90% de los casos de TCA, particularmente en trastornos como la anorexia y la bulimia.
Sin embargo, en los hombres, los TCA suelen estar más vinculados a la dismorfia muscular y las preocupaciones sobre el desarrollo y tamaño de la masa muscular en áreas específicas del cuerpo.
Cómo se abordan
El tratamiento de los TCA requiere un enfoque multidisciplinario que involucre a profesionales de diversas áreas, como psicólogos, médicos, nutriólogos y terapeutas familiares o de pareja.
Cada caso es único y debe abordarse según las particularidades de la persona, considerando su etapa de desarrollo y la influencia de los factores sociales y culturales que afectan su bienestar.
Es fundamental intervenir desde las primeras etapas, como la preadolescencia y la adultez temprana, ya que cuanto más temprano se detecten los síntomas, mejor será el pronóstico de recuperación.
En República Dominicana, uno de los desafíos es establecer sistemas eficaces para recolectar datos y estadísticas que permitan identificar la prevalencia de estos trastornos en la población. Esto es esencial para diseñar políticas públicas y estrategias de prevención y tratamiento más efectivas.
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