¿Coleccionista o comprador?

SANTO DOMINGO. Al llegar a cualquier hogar mi mirada vuela hacia las paredes, escudriño cada obra colgada como si estudiara a través de estas la personalidad de mi anfitrión. No le presto atención al mueble rojo de la esquina, mucho menos me interesa la alfombra persa que se extiende impecable en el centro del salón de estar. Nada de esto dice de su propietario, no me advierte si es romántico, vanguardista, impresionista o si es tan abstracto como la pieza que cuelga en la entrada de su sala.
Es esa obra, de artistas como Clara Ledesma que soñó con la luna y viajo a las estrellas, la que me explica que mi anfitrión conoce de arte, que lee de historia y que no solo es un comprador, es una persona educada, además de atenta.
El artista no solo ha enriquecido la historia del arte dominicano, también ha creado una nueva raza: "El Coleccionista" que emerge de la necesidad de un artista en un momento de crisis existencial.
La obra no solo habla del autor, habla también de aquel que la adquiere, pues se queda en los escenarios de su intimidad para que todo el que llegue observe, admire y aveces repudie. Cuando nos sentamos frente a una obra de arte, nos sentamos ante un momento que se quedó plasmado en un lienzo y que por siempre estará ahí, contando la catarsis de su creador al momento de hacerla arte, pero también cuenta del que adquirió esta obra, pues algo en ella cautivó su atención, algo que lo obligo a obtenerla, algo que lo extrajo de la controversia del monto a pagar y le dio la satisfacción de poseerla.
En República Dominicana todavía vivimos en un momento en el que la compra de arte sigue estando guiada esencialmente por el placer de adquirir y la pasión de poseer una obra. No muchos coleccionistas se dan cuenta que lo son. Son propietarios de una exquisita colección que cualquier museo envidiaría. He visitado hogares y sitios de trabajos que, por el amor al arte dominicano debieran abrir sus puertas al publico y darle un paseo guiado por la historia de cómo llegó a suceder cada una de las piezas que adornan sus paredes. Momentos vividos con los propios artistas que explican como les nació tal inspiración, que dolor, que amor, que tristeza o alegría desencadenó aquella pieza. Adquirir obras de artes es sinónimo de abundancia pero el valor económico de una obra de arte no esta ligado a su valor artístico, emocional o cultural.
Si sólo compras arte por decir tengo y no porque te identificas con la pieza comprada, estarás desperdiciando tus paredes, tu dinero y muchas veces una buena conversación, pues cuando conoces lo que adquieres puedes hablar de ello por horas y horas y nunca tu huésped se abriría.
Diario Libre
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