Las Mercedes ganaron la batalla
Pero no la del Santo Cerro sino la de ahora...
Todavía y después de tantos siglos hay gente creyendo en el cuento de camino de que la Virgen de Las Mercedes ayudó a los españoles a ganar la batalla del Santo Cerro.
Las Mercedes, que es la misma María, no se metía ni se mete en guerra, y mucho menos contra los indios, a los cuales no conocía.
Los españoles era que sabían de la Virgen y la usaron para levantarse la moral y poder lidiar en un mundo más salvaje que el suyo.
Ahora, sí puede decirse después de tantos siglos que la Virgen de Las Mercedes ayudó a la Iglesia a ganar la batalla de estos días, cuando algunas situaciones ponen en cuestionamiento la fe.
La concurrencia al Santo Cerro superó ocasiones anteriores y el templo se llenó como nunca provocando ahogo entre los presentes, políticos incluidos.
Y no solo en La Vega, también en la capital.
La fe en la Isla se inició con los españoles, y se fortaleció con fábulas (¡Ay, Bernardo Pichardo, qué Dios te tenga en gloria!), y no podía pensarse que se iría a pique por la pederastia de los demonios polacos.
Los católicos salieron en defensa de su fe y de su Iglesia cuando era más justo y necesario.
Todavía y después de tantos siglos hay gente creyendo en el cuento de camino de que la Virgen de Las Mercedes ayudó a los españoles a ganar la batalla del Santo Cerro.
Las Mercedes, que es la misma María, no se metía ni se mete en guerra, y mucho menos contra los indios, a los cuales no conocía.
Los españoles era que sabían de la Virgen y la usaron para levantarse la moral y poder lidiar en un mundo más salvaje que el suyo.
Ahora, sí puede decirse después de tantos siglos que la Virgen de Las Mercedes ayudó a la Iglesia a ganar la batalla de estos días, cuando algunas situaciones ponen en cuestionamiento la fe.
La concurrencia al Santo Cerro superó ocasiones anteriores y el templo se llenó como nunca provocando ahogo entre los presentes, políticos incluidos.
Y no solo en La Vega, también en la capital.
La fe en la Isla se inició con los españoles, y se fortaleció con fábulas (¡Ay, Bernardo Pichardo, qué Dios te tenga en gloria!), y no podía pensarse que se iría a pique por la pederastia de los demonios polacos.
Los católicos salieron en defensa de su fe y de su Iglesia cuando era más justo y necesario.
Diario Libre
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