Esquemas Ponzi
Los fraudes financieros difieren de los asaltos en que las víctimas no son forzadas a entregar sus bienes, sino que se les convence de que les conviene hacerlo.
Dentro de esos mecanismos figuran fundaciones, sectas y otras organizaciones con falsos objetivos altruistas. Pero otra categoría de tramas no proclama propósitos espirituales o sociales, sino que se vale del deseo natural que todo el mundo tiene de sacarle más provecho a su dinero. Y dentro de esa categoría están los llamados esquemas Ponzi.
Aunque tiene el dudoso honor de que hayan sido bautizados con su nombre, Charles Ponzi, que en 1920 esquilmó a miles de personas en los Estados Unidos, no fue su inventor ni el primero en usarlos. Ni tampoco ha sido el último. Recordamos en ese sentido el dramático caso de Albania, donde cientos de miles de personas perdieron sus ahorros.
El mecanismo es muy simple. Comienza con un grupo de personas a las que se ofrece un alto rendimiento por su dinero, el cual los promotores pagan con esos mismos fondos. Y sigue porque otras personas, atraídas por la evidencia de esos pagos, ponen también su dinero en manos de los delincuentes. Como el sistema sólo funciona si más y más personas continúan entrando, se le describe también como pirámide o centrífuga. Se crea una especie de histeria o ilusión colectiva, que se refuerza con los reportes de las ganancias que algunos han recibido.
En su libro titulado Exhuberancia Irracional, Robert Shiller dijo que en los mercados de acciones se dan procesos parecidos. A medida que las acciones de una compañía suben de precio, los que invirtieron en ellas obtienen ganancias de capital que atraen a otros inversionistas. Eventualmente la burbuja se rompe y las acciones bajan, pero los que invirtieron pueden al menos retener las acciones y esperar a que suban nuevamente. Cuando un esquema Ponzi colapsa, sin embargo, los inversionistas más recientes lo pierden todo.
Dentro de esos mecanismos figuran fundaciones, sectas y otras organizaciones con falsos objetivos altruistas. Pero otra categoría de tramas no proclama propósitos espirituales o sociales, sino que se vale del deseo natural que todo el mundo tiene de sacarle más provecho a su dinero. Y dentro de esa categoría están los llamados esquemas Ponzi.
Aunque tiene el dudoso honor de que hayan sido bautizados con su nombre, Charles Ponzi, que en 1920 esquilmó a miles de personas en los Estados Unidos, no fue su inventor ni el primero en usarlos. Ni tampoco ha sido el último. Recordamos en ese sentido el dramático caso de Albania, donde cientos de miles de personas perdieron sus ahorros.
El mecanismo es muy simple. Comienza con un grupo de personas a las que se ofrece un alto rendimiento por su dinero, el cual los promotores pagan con esos mismos fondos. Y sigue porque otras personas, atraídas por la evidencia de esos pagos, ponen también su dinero en manos de los delincuentes. Como el sistema sólo funciona si más y más personas continúan entrando, se le describe también como pirámide o centrífuga. Se crea una especie de histeria o ilusión colectiva, que se refuerza con los reportes de las ganancias que algunos han recibido.
En su libro titulado Exhuberancia Irracional, Robert Shiller dijo que en los mercados de acciones se dan procesos parecidos. A medida que las acciones de una compañía suben de precio, los que invirtieron en ellas obtienen ganancias de capital que atraen a otros inversionistas. Eventualmente la burbuja se rompe y las acciones bajan, pero los que invirtieron pueden al menos retener las acciones y esperar a que suban nuevamente. Cuando un esquema Ponzi colapsa, sin embargo, los inversionistas más recientes lo pierden todo.
Gustavo Volmar
Gustavo Volmar