La producción de alimentos de origen animal es altamente contaminante
JERSEY, INGLATERRA. Viajo por cuarta vez a la isla inglesa de Jersey, para asistir a un curso sobre el manejo de especies invasoras. El curso, como los anteriores, promete ser de alto nivel. De nuevo aprenderé un montón de cosas y adquiriré un sinnúmero de habilidades y de nuevo nadie me hará ningún caso en mi país. Pero ya me he acostumbrado a representar ese papel de "loco manso" de la conservación, cuyos artículos y recomendaciones todo el mundo elogia (incluyendo a las autoridades), pero nadie aplica.
En el programa se anuncia, con el título "Bienvenidos al vegetarianismo", que el miércoles la comida será completamente vegetariana, como una forma de denunciar el impacto ambiental de la producción de carne, leche y huevos. Transcribo casi textualmente la información que nos suministran para justificar el menú de ese día.
El 70 % de las fincas del planeta se dedican a la producción de alimento de origen animal, ya sea cultivando plantas para alimentar a los animales, o dedicando grandes extensiones de tierra al pastoreo. Esto equivale a un impresionante 30% de toda la superficie de la Tierra, por lo que no debe extrañarnos que sea esta industria la que tenga el mayor impacto en los ecosistemas terrestres y acuáticos del planeta.
Gasto desproporcionado
Una inmensa proporción de la producción pesquera se usa para alimentar animales de granja o para hacer fertilizantes que serán usados para producir alimentos para vacas y pollos.
Además, los animales alimentados con granos consumen más agua que los cultivos de estos mismos granos. El gasto de energía que supone llevar alimento de origen animal de la granja a la mesa es tan desproporcionado, que demuestra la ineficiencia energética de la producción de carne, leche y huevos.
En conclusión, producir alimento de origen animal es mucho menos económico que cosechar granos, vegetales, legumbres, semillas y frutos.
Por otra parte, la producción de 1 kilo de carne produce gases de invernadero con un potencial de calentamiento equivalente a 36.4 kg dióxido de carbono.
El proceso de producción crea también compuestos fertilizantes equivalentes a 340g de dióxido de sulfuro y 59g de fosfato, y consume 169 megajule de energía. Cerca de dos terceras partes de esa energía se gasta en la producción y transporte del alimento del ganado.
Estas emisiones equivalen al dióxido de carbono producido por un carro promedio cada 160 millas, y la energía consumida es igual a la de una bombilla de 100W que se deje encendida por 20 días.
Estos cálculos no incluyen las emisiones provenientes del manejo de los equipos de las granjas, ni las causadas por el transporte de la carne.
Según el instituto Worldwatch: "reducciones masivas en el consumo de carne en las naciones industrializadas, aliviaría las tareas sanitarias y mejoraría la salud pública; además, la disminución de la población le quitaría presión a las tierras productivas, permitiendo la regeneración de los recursos agrícolas. A medida que la población aumenta, la disminución del consumo mundial de carne permitirá un uso más eficiente de los recursos per capita de suelo y agua, logrando, al mismo tiempo, mayor disponibilidad de alimento para un mundo crónicamente hambriento."
La tarea es ardua, pues es muy difícil lograr que la gente deje de comer carne. Como decía Mahoma: "Es más fácil mover una montaña que cambiar el corazón de un hombre". guerrero.simon@gmail.com